Javier Valle-Riestra: defensor de la Libertad y los Derechos Humanos
Tino Santander Joo[1]
___________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________
El Tribunal Constitucional me honra al pedirme una semblanza sobre mi maestro, Javier Valle-Riestra González-Olaechea, a quien conocí en 1976 cuando retornaba del exilio. Era un hombre alegre, brillante, disciplinado y de gran sentido del humor. Lo vi y lo escuché debatir con lucidez en la Asamblea Constituyente de 1979, promoviendo la creación del Tribunal de Garantías Constitucionales, antecedente del actual Tribunal Constitucional. También impulsó la creación de la Defensoría del Pueblo y fue el artífice de la constitucionalización del Pacto de San José de Costa Rica, instrumento imprescindible para la defensa de los derechos humanos.
He sido testigo de que su vida estuvo siempre al servicio de la democracia y los derechos humanos, por encima de las pasiones políticas de izquierdas y derechas, que a menudo intentaban convertir la defensa de estos en un anodino alegato político. Valle Riestra comprendía que los derechos humanos son principios universales que garantizan la dignidad, la libertad, la igualdad y la justicia para todas las personas, sin distinción de raza, género, religión o nacionalidad. Más aún, entendía que estos son progresivos e irrenunciables, un principio que defendió hasta el final de sus días.
Javier Maximiliano Alfredo Hipólito Valle-Riestra González-Olaechea (Lima, 5 de enero de 1932 - Lima, 6 de julio de 2024) fue un brillante constitucionalista y un infatigable defensor de la democracia y los derechos humanos. Militante histórico del Partido Aprista Peruano (APRA), desempeñó diversos cargos públicos, entre ellos regidor de Lima, diputado, senador, miembro de la Asamblea Constituyente de 1978 y presidente del Consejo de Ministros.
Nacido en una familia aristocrática, creció en un ambiente que valoraba la educación y el servicio público. Estudió Derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú, destacándose por su brillantez académica y liderazgo político. Desde joven, defendió los derechos fundamentales, lo que lo llevó a militar en el Partido Aprista Peruano cuando este se encontraba proscrito por el militarismo dictatorial. Su compromiso inquebrantable con los principios democráticos lo convirtió en uno de los líderes más destacados de su generación. Valle Riestra fue un férreo opositor de los regímenes autoritarios.
A pesar de su lealtad al Partido Aprista, su independencia de pensamiento lo llevó en ocasiones a distanciarse de la línea oficial, manteniendo siempre una postura crítica y reflexiva. Su trayectoria en el Congreso, el Senado y el Ejecutivo estuvo marcada por la coherencia y el compromiso con sus principios. En 1998, asumió brevemente la Presidencia del Consejo de Ministros bajo el gobierno de Alberto Fujimori, con la intención de contribuir a la restauración democrática. Sin embargo, renunció al comprobar que Fujimori estaba decidido a reelegirse a toda costa. Prefirió mantenerse fiel a sus convicciones democráticas antes que sucumbir a la seducción del poder.
Como abogado, se distinguió en la defensa de casos emblemáticos relacionados con los derechos humanos y la libertad de expresión. Su profundo conocimiento del derecho constitucional lo convirtió en una de las voces más autorizadas del país. Además, fue autor de numerosos libros y artículos sobre derecho, política y sociedad, enriqueciendo el debate intelectual en el Perú.
Su elocuencia, su agudo sentido del humor y su capacidad para conectar con personas de todos los ámbitos lo convirtieron en una figura carismática. Mantuvo un constante enfrentamiento con el sistema judicial, al que consideraba totalitario y antidemocrático. No obstante, nunca dejó de defender los derechos humanos, incluso los de sus acérrimos adversarios, con firmeza y honestidad intelectual.
El legado del maestro Javier Valle Riestra trasciende su trayectoria política y jurídica. Fue un hombre libre, apasionado y fiel a sus ideales, que nunca se rindió ante la adversidad. Espíritu iconoclasta, dedicó su vida a la lucha por un Perú más justo y democrático. Su ejemplo ilumina el camino de las nuevas generaciones que se atreven a defender la libertad, los derechos humanos y la justicia social en un mundo en constante cambio.
[1] Licenciado en Antropología por la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco. Magíster en Filosofía con Mención en Historia de la Filosofía por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.